• Lavarse las manos frecuentemente. Esto ayuda a la protección contra gérmenes. El uso de alcohol gel es una alternativa al lavado con agua y jabón en caso que éste último no sea posible.
  • Evitar el contacto directo con personas enfermas y, si es usted el que se encuentra enfermo, mantenga la distancia con otra gente para evitar la dispersión del virus.
  • Guardar reposo en el hogar. El reposo domiciliario ayudará a evitar el contagio a otras personas y a una mejor recuperación.
  • Evitar tocarse los ojos, la boca, la nariz. Los gérmenes pueden diseminarse cuando una persona toca algo que está contaminado con ellos y, luego, se toca los ojos, la nariz o la boca.
  • Mantener hábitos saludables. Un buen estado de higiene bucal y personal, dormir bien, mantenerse activo físicamente, en lo posible controlar el estrés, beber mucho líquido y comer alimentos nutritivos.
  • Evitar el intercambio de saliva. Utensilios como vasos, bombillas de tereré, chupetes, mamaderas, juguetes u otros utensilios que se lleven a la boca deben ser utilizados a modo personal.
  • Desinfectar sitios comunes. Es importante prestar atención a la desinfección frecuente de superficies de “alto nivel de contacto”, como picaportes y equipos comunes, auriculares de teléfono, mouses de computadoras, con hipoclorito de sodio (Lavandina).
  • Vacunarse. Las vacunas contra la influenza hacen que el sistema inmune desarrolle anticuerpos aproximadamente dos semanas después de la vacunación, brindando así protección contra la infección con los virus incluidos en la misma.
  • No automedicarse. Consumir medicamentos únicamente prescriptos por el médico

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